Con Hat-Trick de Luis Suárez, el Barcelona goleó 5-1 al Real Madrid, este domingo en el Camp Nou, y se afianzó en la cima de la Liga Española de Fútbol, tras jugarse la décima jornada, con un punto por encima del Alavés y 7 sobre los merengues.

TOMADO DE: ESPNFUTBOL

El Barça repitió felicidad cuatro días después para demostrar que tiene argumentos futbolísticos para salir adelante sin su estrella. Messi volvió a disfrutar desde la tribuna de una victoria y, probablemente, solo le debió doler no ser partícipe de una goleada para la historia, la primera que consigue el Barça sin él en un Clásico desde que en noviembre de 2004 Eto’o, Van Bronckhorst y Ronaldinho decidieran el choque por 3-0 para el equipo que dirigía Rijkaard… Y en el que Messi, todavía, era un aspirante a estrella.

“Al final lo que manda es el equipo”, repitió en la sala de prensa Valverde, satisfecho por el partido, sin querer lanzar las campanas al vuelo y mostrándose tan humilde y lógico como de habitual.

Felicidad azulgrana… Y funeral madridista. Un funeral sin paliativos y, en cierta manera, sorprendente a la vista de cómo se desarrolló el segundo tiempo, justo hasta que Valverde entendió la necesidad de cambiar el rumbo de un partido que se le hacía cada vez más cuesta arriba. Cambió piezas el entrenador azulgrana mientras Lopetegui consideró que “tenía a los jugadores adecuados para dar la vuelta al marcador”… Y lo que ocurrió es que el Barça pasó del sufrimiento al éxtasis mientras el Madrid transitaba desde la esperanza al desastre. Total y absoluto.

Messi puede estar tan tranquilo viendo a sus compañeros como desesperado, se supone, estará Florentino Pérez, preparado para sentenciar a un entrenador que acudió derrotado a la sala de prensa, con un discurso entre extraño y rendido pero en el que no dejó pasar la ocasión de lamentar la “falta de efectividad”.

“En la segunda parte tuvimos opciones de empatar y hasta de ganar el partido, pero si no aciertas cara a puerta…”, dijo por activa y por pasiva un Lopetegui que, sabiéndose sentenciado en su puesto, comenzó a soltar lastre trasladando a todavía presidente la responsabilidad de la confección de una plantilla sin pies ni cabeza, que no se ocupó, en serio, de sustituir a Cristiano Ronaldo y que ahora echa más de menos sus goles que cualquier otra cosa.

El Barcelona ya le saca 7 puntos de ventaja al Madrid, y 5 del Atlético, en 10 jornadas. Noveno, no-ve-no, en la clasificación, el presente merengue no puede ser más desalentador y la caída del entrenador es ya un secreto a voces.

Lopetegui, con un hilo de voz, quiso proclamar que se siente con “fuerzas” para seguir en el puesto y pretendió dar por sentado que este Real Madrid “aún tiene mucho que decir” esta temporada. Pero su rostro dejaba claro que el mismo Florentino que le fichó de manera ‘extraña’ en puertas del Mundial será el que acabe abruptamente con él.

Piqué le pidió al Camp Nou que no insultara a Sergio Ramos

Gerard Piqué ejerció de capitán sin llevar el gafete puesto en el Clásico entre Barcelona y Real Madrid. El defensa catalán frenó los insultos que un sector de la tribuna del Camp Nou dirigía a Sergio Ramos, zaguero merengue.

En una toma de televisión se aprecia que cuando estaba por cobrarse un tiro de esquina, Ramos y Piqué coinciden en el área y algunos aficionados de atrás de la portería comenzaron a cantarle al capitán del Madrid: “Sergio Ramos, hijo de puta, Sergio Ramos, hijo de puta”, situación que de inmediato reprobó Piqué y levantó la mano derecha para indicar con el dedo que dejaran de gritar.

La petición de Piqué, quien es uno de los capitanes del Barça, fue atendida por la afición culé, que cesó en sus insultos hacia uno de los símbolos del conjunto merengue.

Ramos y Gerard fueron compañeros en la defensa central de la selección de España, pero también suelen tener una gran rivalidad por ambos ser referentes del Madrid y Barcelona respectivamente, y seguido cruzan declaraciones; sin embargo, en esta ocasión el culé no permitió los insultos.

El gesto de Piqué recordó a varios que en su momento tuvo Carles Puyol, legendario capitán blaugrana, quien tanto a la tribuna como a compañeros les solicitaba que respetaran al rival por encima de todo.

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